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Cuando la libertad y el mercado se encuentran en el cuerpo

Jimena Casas Alvarado

Las plataformas de contenido erótico presentan hoy una disyuntiva quizá irreconciliable. Para algunas personas, han merecido un elogio a la libertad; aunque, para otras, han significado una reincidencia de ciertas prácticas degradantes hacia el cuerpo, especialmente el femenino. El consumo de este material es, actualmente, objeto de debate.

Por: Jimena Casas Alvarado 1

Nunca había existido tanta libertad sobre el cuerpo, y al mismo tiempo, nunca había sido tan rentable exhibirlo. Durante décadas, específicamente las mujeres se han encargado de luchar por una autonomía corporal: el derecho a decidir sobre su propio cuerpo, la sexualidad, la apariencia, entre otras. Lucha que ha cuestionado normas, desafiado estructuras y reclamado algo que al día de hoy parecería obvio: la libertad de decidir sobre una misma. Pero esta lucha sucede en un contexto muy particular. Estamos situadxs en una economía donde todo es mercancía: el tiempo, la atención, las emociones, la identidad y, por supuesto, el cuerpo. Las redes sociales, las plataformas digitales y la lógica del mercado han transformado aspectos íntimos de la vida en oportunidades de consumo.

Bajo este contexto, surge una pregunta incómoda: ¿qué sucede cuando la libertad y el mercado se encuentran en el cuerpo? ¿Hasta qué punto una decisión deja de ser una expresión y se convierte en una respuesta de las dinámicas del sistema que recompensa aquello que puede ser consumido? En este sentido, la libertad sobre el cuerpo dejó de ser una cuestión individual y comenzó a ser una cuestión política, ya que decidir cómo vestir, cómo expresar la sexualidad, qué hacer con la propia imagen o qué relación establecer con el propio cuerpo se volvió una forma de resistencia ante los sistemas que históricamente han controlado esos aspectos.

Alcanzar esta libertad, sin embargo, no eliminó todas las tensiones, sino que abrió nuevas posibilidades de ejercer esa libertad, que en ocasiones no necesariamente son discursos de resistencia ante el sistema. Hoy el cuerpo, además de ser identidad, deseo y expresión personal, también es un recurso económico. Influencers, modelos, creadores de contenido y usuarios comunes son parte de dinámicas que generan ingresos diariamente. Plataformas como OnlyFans son las expresiones más evidentes del fenómeno que ocurre en la actualidad: la posibilidad de monetizar el cuerpo de manera directa. Para algunas mujeres esto significa autonomía económica y control sobre su sexualidad, pues a diferencia de otras industrias en donde terceros monetizan con la imagen femenina, esta “nueva posibilidad” permite que sean ellas quienes deciden qué mostrar, cuánto mostrar y cómo mostrar. Pese a ello, esta libertad no elimina la tensión principal: el mercado continúa valuando los cuerpos femeninos partiendo de un atractivo sexual. ¿Ha cambiado realmente la lógica de fondo o únicamente ha cambiado la forma en que se administra? Si una mujer elige libremente monetizar su cuerpo, ¿es una victoria a la autonomía corporal o es, más bien, una adaptación exitosa a las nuevas normas mercantiles de un sistema que continúa convirtiendo a las mujeres en objetos de consumo?


  1. Estudiante de arquitectura. ↩︎

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