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La fragmentación del tiempo en los trastornos alimentarios

Valeria Matzkin

Los trastornos alimentarios se articulan con muchos procesos de la vida diaria, como las relaciones sociales, la noción del riesgo o el acceso al placer. Pero acaso hay un elemento que subyace a todos los demás: la idea del tiempo. Entendido como una incertidumbre frente al devenir, el trastorno alimentario adquiere otra dimensión.

Por: Valeria Matzkin 1

Este artículo despliega la idea de que, en los trastornos de la conducta alimentaria, se pone en juego un dilema filosófico: la experiencia del tiempo. Esta colisión con el tiempo se debe a que el pasado es algo que ya no existe, el futuro algo que vendrá y el presente se escurre, transformándose en un recuerdo, es decir, en pasado.

Pero además, como plantea Heidegger, hay algo más: no sólo no se puede detener el tiempo, sino que, aun así, se lo intenta detener. Ésa es la tensión.

Ponerse en forma o estar en forma es una metáfora que pondría en equivalencia la realidad psíquica (la identidad) y la realidad física (la forma del cuerpo): una necesidad continua de construcción personal que acompaña a la angustia del paso inexorable del tiempo (que se torna descontrolado o demasiado tarde) y la inquietud sobre la incertidumbre del futuro (el tiempo perdido o inminente).

El presente se impone y se vive el tiempo como una urgencia, con la dificultad de identificar qué siente y qué necesita el cuerpo. A todo mensaje corporal, como el crujido del estómago frente al hambre, se le teme, al ser tildado como un iniciador violento de descontrol.

La experiencia del paso del tiempo es una entropía inevitable sin forma. La preocupación de que algo en el futuro comprometerá el autocontrol del cuerpo pone en evidencia un fenómeno que podríamos pensar como miedo al devenir, a cambiar, a transformarse. Se trata del horror de que algo inesperado, en una dimensión involuntaria, emerja del cuerpo —un impulso, un deseo, una emoción—, y del malestar de que, en un abrir y cerrar de ojos, esa dimensión involuntaria colisione con la realidad.

Este escrito propone que, en el centro de la experiencia en los trastornos alimentarios, se encuentra una forma particular de vivir el tiempo. Como ocurre en La persistencia de la memoria, de Salvador Dalí, donde el tiempo adquiere forma en los relojes blandos, en los trastornos alimentarios el tiempo parece inscribirse en el cuerpo. Peso, calorías, centímetros, pasos y horas de ejercicio se convierten en las coordenadas desde las cuales se intenta organizar una experiencia temporal que resulta difícil de habitar. El cuerpo se convierte en el espacio donde el tiempo se hace visible y medible. Es decir, el cuerpo no sólo es el objeto del control, sino el lugar donde la temporalidad se materializa.

En el fondo, se trata de una búsqueda de permanencia frente al devenir. Segundos, minutos, calorías, kilos o pasos fragmentan la experiencia. El tiempo deja de experimentarse como un fluir continuo y se reduce a una sucesión de medidas.

Un día, una persona se ve flaca; al otro día, gorda. Pasa largas horas en el espejo chequeando su cuerpo, las porciones de alimentos; cuenta los pasos y las calorías para sostener un sentido de continuidad. Así, las medidas de su cuerpo definen las dimensiones de su ser. Las restricciones alimentarias, en los casos de anorexia nerviosa, son una forma de lograr un peso ideal que posibilitaría una estabilidad de la identidad. El tiempo nunca alcanza y es adverso en la búsqueda de la delgadez.

Las rutinas que se ponen en juego giran en torno a la grasa corporal, el apetito y su valor moral. Ritualizaciones tales como hacer dieta, inducirse el vómito o la hiperactividad marcan el compás de definirse a sí mismo. Los rituales defienden dilemas existenciales, disfrazan el pensar. Interrumpidos los rituales, precipitan el vacío, la indefinición y el fiasco.

En este punto, se pueden distinguir dos niveles.

Fenómeno primario. Está dado por la experiencia originaria, lo que aparece primero en la vivencia del sujeto, no derivado de otra cosa: la tensión por el paso del tiempo. La imposibilidad de que nada cambie, la urgencia y la vivencia de que algo siempre se escapa.

“Después que me quedo sola”

“Como hasta que reviento”

“Entro en pánico cuando no sé lo que siento y busco a mi vieja amiga: la comida”

Fenómeno secundario. Estámediado porlas estrategias, defensas o configuraciones que el sujeto construye para responder a ese núcleo: comúnmente la ritualización que tiene la tentativa de responder a esa angustia afectando al cuerpo.

“¡Ahora sé cómo comer!”

“Masticar 30 veces por bocado”

 “Como una o dos manzanas al día”

“Si tengo hambre, tomo agua, al menos 3 litros”

“30,000 pasos son 20 kilómetros”

La fragmentación del tiempo en los trastornos alimentarios no es sólo un modo de organización: es una defensa, una forma de sostener algo frente a lo que no puede sostenerse. Aquí el tiempo no se habita: se mide, se fragmenta, se intenta volver previsible. Aun cuando se quiere inmovilizarlo, el tiempo se escapa.

Bibliografía

  • Heidegger, M. (1927). Ser y tiempo.
  • Minkowski, E. (1933). El tiempo vivido.
  • Onnis, L. (2015). El tiempo congelado: Anorexia y bulimia entre individuo, familia y sociedad.
  • Stanghellini, G. (2013). For an anthropology of eating disorders. A pornographic vision of the self.

  1.  Licenciada en Nutrición. Profesora de la Universidad Nacional de La Pampa y Directora del Centro El Colibrí, Argentina.  ↩︎

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